miércoles, 9 de agosto de 2017

POHXUHEW FUENTE: Huista: Un viaje a través del tiempo. Elder Exvedi Morales Mérida. Guatemala, septiembre de 1995.

POHXUHEW
FUENTE: Huista: Un viaje a través del tiempo. 
Elder Exvedi Morales Mérida.                                                                                          
 Guatemala, septiembre de  1995. 


Amaneció. El sol alumbraba sutilmente.
Es 14 de septiembre, un día especial, muy especial.

-Bienvenidos, que bueno que madrugaron-, dijo don Santiago Witz-taj.
-Gracias-, respondieron tío Chema, Juan de Dios, John, Juan Huista y Pedro Ixim.

Don  Santiago Witz-taj, anciano de 115 años de edad, continuó saludando a todos los presentes.

-Un día como hoy,  nació  en  Quetzaltenango  don Jacobo Árbenz Guzmán-, recordó tío Chema.
Y agregó: El soldado del pueblo fue electo presidente de la república, para el período 1951-1957, en noviembre de 1950, obteniendo el 68.64% del total de los votos emitidos. Quiso construir una mejor Guatemala, pero los judas, los vendepatrias no lo permitieron, y hasta lo humillaron y echaron del país. Y en nuestro pueblo también vemos a tantos judas, a tantos parásitos…

Shushcatal,  Shushquej y Shushmac que ahora ejecutan ocarinas recién hechas, ofrecen una música alegre. De la garganta de cada ocarina brotan gorjeos, trinos, canturreos, murmullos y retazos de júbilo indescriptible.

Shushquej o Jesús Gaspar recién ha cumplido 99 años de edad, y comenzó a ejecutar chirimía, ocarina, marimba de tecomates, tun, tzicolaj, tzu y guitarra a los  8 años.

El rancho donde se celebra la Pohxuhew o fiesta de agradecimiento por los primeros cultivos está engalanado con hojas de pacaya y pino.

En medio del rancho, una olla grande que contiene tamalitos de frijol.
He ahí pues Shushcatal,  Shushquej y Shushmac   tocando la ocarina mientras esperan que los tamalitos de frijol entero se cuezan.

Don Santiago Witz-taj ha regresado a conversar con sus invitados especiales: Tío Chema, Juan Huista, Pedro Ixim, Juan de Dios y John.
-De una a cinco de la mañana estuvo tocando la marimba de sones de don Francisco Méndez-, dice don Santiago.
-Muy buena marimba-, reconoce tío Chema.

Los demás rezan:

Gracias Madre Tierra
por darnos tu amor,
gracias por los frutos
que nos dan vida.
Gracias al Creador.

Gracias por la Madre Maíz,
por el teosinte sagrado;
por el sustancioso frijol
y por todos aquellos frutos
con que nos alimentas,
Madre Tierra.

Gracias, porque en tus surcos
recogemos muy agradecidos
el sagrado alimento
para que nuestra raza
se multiplique  y eternice.


De la garganta de cada ocarina seguían germinando  cantares, gorjeos, canturreos, susurros y cosmos de gozo inefable.

“Ni Antonio Vivaldi pudo describir a través de su música la belleza de la primavera”, escribió  años después Juan de Dios en The  New York Times.

-Ya están hirviendo-, dijo la más anciana de las mujeres.

Y al unísono se escuchó la siguiente plegaria:
Te damos gracias Creador
y te rogamos humildemente
que nunca nos desampares
y que la Madre Tierra
siempre nos prodigue
el sagrado sustento.


 Al cocerse los tamalitos de frijol entero, Shushquej o Jesús Gaspar hizo estrellar su ocarina fresca  contra la olla, y las ancianas comenzaron a sacar los tamalitos,  llamados también como  “tamalitos del ocho”. Repartieron los exquisitos tamalitos y los hombres más viejos se encargaron de distribuir pozol endulzado con panela en sendas jícaras.

 Don Santiago Witz-taj fue a colocar con gran respeto el primer tamalito a un altar,  juntamente con una jícara de pozol.
Shushquej y Shushmac   también depositaron sus ocarinas en el altar oloroso a pom, a incienso, a ocote y a candela. 


Shushquej recogió su ocarina deshecha. La envolvió en doblador  y con respeto fue a  enterrarla al pie de un árbol de hormigo o palo de marimba, el cual, al instante, se llenó de pájaros que, con sus múltiples gorjeos, también celebraron con los habitantes del lugar.

-Es impresionante-,  manifestó John, el estadounidense que, años después, escribiría sobre todo lo que aconteció durante su estancia en Santa Ana Huista.

Un anciano llamado Domitilo ofreció aguardiente.
Y muchos bebieron.
-Rica la cusha-, reconoció John.

Y una anciana, en poptí,  se refirió a él:
“Qué bueno que el gringo conozca nuestras tradiciones y costumbres. Y que las respete, por supuesto”.
(Kawk’ultaheb’ naj  gringo chohtajnheheb’ najkob’eyba’lb’ojtzetjehik’oj.
Yilalsxikiltajnhenheb’ naj.)


Cuando las ocarinas dejaron de prodigar su música placentera, comenzó de nuevo a derramar sus sones  la marimba  fundada y dirigida por  don  Francisco (Chico)  Méndez,  e  integrada por don Emeterio Crisanto  Méndez, Nazario Recinos, Gaspar Recinos, Gaspar Méndez, Guadalupe Pérez, Juan Pedro Pérez, Martín Julián Pérez y  Juan Castillo.                             Algunos  le llamaban  “La Marimba  de  los Gaspares”,  otros, “Marimba  de  los  Cashpares”.  

-Don Santiago Witz-taj, ¿puede usted explicarnos todo lo referente a esta celebración?-, solicitó John.

-Claro que sí, amigo, con mucho gusto. Pohxuhew: es la fiesta de agradecimiento por los primeros cultivos. En el Calendario Maya Jakalteko se celebra el día Oxlanheb´ Tox, en uno de los días del mes de agosto o primera quincena de septiembre generalmente, como lo estamos haciendo hoy 14, del mes patrio.

Años después,  Juan de Dios, en una de sus columnas en The  New York Times, escribió al respecto: “Pohxuhew: es la fiesta de agradecimiento por los primeros cultivos. En el Calendario Maya Jakalteko se celebra el día Oxlanheb´ Tox, en uno de los días del mes de agosto o primera quincena de septiembre generalmente. Es una fiesta hogareña que consiste en cocer tamalitos de frijol entero, las personas rodeadas alrededor del fuego tocan la ocarina mientras esperan que se cuezan; al cocerse, hacen estrellar una ocarina fresca  contra la olla y comienzan a sacar los tamalitos; a estos tamalitos les llaman “tamalitos del ocho”).
Fiesta de agradecimiento por los primeros productos de los cultivos. En el calendario maya Jakalteko se celebra el día Oxlanheb´ Tox (13 Tox), en uno de los días del mes de agosto o primera quincena de septiembre, generalmente”.

Tío Chema, Juan de Dios, John, Juan Huista y Pedro Ixim regresaron muy alegres cuando la noche comenzaba a caer, ese 14 de septiembre inolvidable, sobre todo, para John, el gringo amigo, como decía la gente de Huista…

*Agradecimiento especial a don Pascual Mendoza por narrar parte de esta festividad.

FUENTE: Huista: Un viaje a través del tiempo. Elder Exvedi Morales Mérida.                                                                                           Guatemala, septiembre de  1995.  

martes, 8 de agosto de 2017

San Antonio: haceme un milagrito

San Antonio: haceme un milagrito
FUENTE: Huista: Un viaje a través del tiempo. Elder Exvedi Morales Mérida. 1994

A las doce y media, doña Elena llamó a los hombres para el almuerzo.
-¡Chema, Juan de Dios y John, ya está el almuerzo!
-Ya vamos mujer, pero no grités, porque no estamos sordos-, respondió tío Chema.
Y llegaron.
-Huele muy rico-, dijo John.
-Es pepián-, indicó Juan de Dios.
-Siéntese pues, sino, ya no van a crecer-, dijo Luisa, entre risas, quien llevaba el exquisito almuerzo.
Y obedecieron.
-¿Qué tal de día?-interrogó doña Elena.
Y John, con muchas dudas, dijo: -En casa de María miré una repisa, según me dijo se llama el pequeño mueble; y, en ella, una imagen de cabeza. Me parece algo raro…
-Ah, usted se refiere a San Antonio.  San Antonio de Padua es un santo que tiene mucho trabajo-dice doña Elena-, ya que se le hacen muchas peticiones, desde recuperar objetos perdidos, velar por la salud, hasta encontrar el amor. Esta última petición es la que más se le hace. Y peor en nuestro pueblo… Hay quienes aseguran que gracias a él encontraron a su pareja. Por ejemplo, Nisha, hija de Zacarías, a sus 32 años nunca había tenido novio, y durante tres meses iba a  la iglesia,  para que el santo le hiciera “el milagrito”. Esto sucedió hace siete años, encontró novio y está  casada y esperando a su séptimo ixtío.
-Es muy interesante-, dijo John.
-Así es amigo. Yo conozco muchos casos- continuó doña Elena. En toda Guatemala se tiene una tradición de religiosidad y devoción a San Antonio. Durante su día, las familias  se acercan a su parroquia para pedir por sus seres queridos, pero aquí, cada uno tiene una santito en una repisa. Se acostumbra rezarle una novena, colocarle velas y llevarle ofrenda para que las patojas consigan un buen novio. Se acostumbra  llevarle 13 monedas al santito y dárselas en ofrenda, a cambio del favor solicitado.  Y miren pues: Si no funciona, el santo es puesto de cabeza. Esa es la explicación pues. Eso se hace como una forma de castigo para el santo cuando no cumple con una petición.  No es de extrañar pues que en muchas casas,  las muchachas tengan imágenes del santo, esperando que el amor toque a las puertas de sus casas.
-Oh, ya comprendo-, exclamó John.
-Muchas personas  que tienen su pistío le ponen sus velas aromáticas,  y hasta pócimas de amor.
Y el almuerzo, acompañado de una charla tan  interesante, se sintió más exquisito.
FUENTE: Huista: Un viaje a través del tiempo. Elder Exvedi Morales Mérida. 1994


CARRITO DE DON POSH

EL CARRITO DE DON POSH
Fuente: Huista: un viaje a través del tiempo.  Cuarto Viernes de Cuaresma, 1995.
Elder Exvedi Morales Mérida

La cantina está muy concurrida, y tío Chema ha regresado en compañía de Douglas y Juan de Dios.
Beben, bromean, ríen, evocan y fuman melancolías.
Juan Huista llega.
-Bienvenido mijo.
-Gracias tío Chema.
-¿Y ahora, qué te picó?
-Estaba en el baile y la zopenca de la Micaela me desairó.
-Con trago pasan esas penas.
-Gracias tío Chema.


Don Salomón Salazar canta el corrido “El carrito de don Posh” de su autoría.
La letra dice más o menos así:

El carrito de don Posh
que manejaba Alejandro,
no le echaba mucha carga,
porque se andaba quedando.

En la subida de Rancho Viejo
se andaba resbalando,
buscando la estación
que pasara don Fernando.

También don Julio Barrondo
se envidió y compró el de él,
se quedaba atrancado
en la casa de la Raquel.

Al pasar por el Agua Hedionda
le echaron agua bendita:
si este carro no me falla
me caso con Rafaelita.

El carrito  que compré
me costó casi ocho mil,
soy Timoteo Morales,
el que vive en Monajil.

Ya con esta me despido
en el plan de los Conejos,
lo que no hacen los muchachos,
lo hacen los cabrones viejos.

Don Posh, que bebe comiteco con sus hijos Vicente Paúl,  Abraham y Alejandro,  y con don Vidal Lemus, se alegra tanto del regalo musical,  que pide guaro para todos, y a don Salomón Salazar, por supuesto que lo invita a su mesa.  Aparte de don Posh o Próspero, Vidal, Vicente Paúl,  Abraham, Alejandro y de Salomón, están sentados a la mesa los santanecos  Pancho Lemus, uno de los más conocidos curanderos, y don Crisanto Méndez, uno de los más importantes marimbistas.

-Muy buena la canción mi estimado Salomón-, reconoce don Posh.


lunes, 7 de agosto de 2017

Doctora

Llegué. Saludé.

-Pase adelante-, me invitó amablemente la cordial fémina.

Era una mañana clara, afable.

Como en la mayoría de las clínicas médicas, había una buena cantidad de personas sentadas, esperando su turno.

Tímido,   como soy, no platiqué con nadie. De manera que me dediqué a leer.

Media hora después, la asistente de la doctora me llamó:
-Elder Exvedi Morales Mérida.
-Soy yo-, respondí, levantando la mano derecha.

-Pase por favor-, me invitó.
Y agradecí:
-Muchas gracias.

Y pasé.

Al entrar, aprecié, sentada, a la joven, sonriente y hermosa doctora.

-Doctora, buenos días-, saludé tímidamente, esquivando su mirada apacible, amable y seductora. 
-Buenos días, tome asiento-, me respondió la agraciada doctora.

Recuerdo su voz de manantial sereno, su voz, sí, su voz, susurro de poesía. Sus miradas colmadas de ternura  y  armonía.

De sus ansiados labios germinaba una lírica extraña, fascinante.

Se refirió a sus hijos como la dádiva más hermosa y valiosa que Dios le ha dado.  Y eso, claro está, me conmovió porque para una madre los hijos son algo tan bello, grande, monumental, que es imposible  de describir.

Posteriormente, hizo un diagnóstico de mi salud, me invitó a recostarme en una camilla. 
Me indicó qué hacer, qué medicamento consumir para tener mejor calidad de vida.

Le agradecí.

Me despedí con un apretón de manos, y mis manos quedaron atiborradas de un perfume  seductor.

Y, desde ese entonces,  pienso en ella, la doctora, y mis labios  se colman de certidumbre, alegría y armonía. 

sábado, 5 de agosto de 2017

Las 6:27 de la tarde.

Las 6:27  de la tarde.

La zona 1 de la ciudad de Guatemala  parece un hormiguero…
Y yo, sentado, en el mismo lugar, de la cafetería, donde nos vimos por última vez, fumando recuerdos.

Y sorbo a sorbo  bebo una taza de café.

Leo Dan, uno de mis cantantes favoritos, canta Te he prometido.
La mesera, originaria de Huehuetenango, me escudriña con la mirada.

-Exvedi, no sea tan bruto: ella ya no va a regresar-, me dice, por enésima vez.

Leo Dan, ahora canta Mary es mi amor.
La rockola está ronca. Ronca, muy ronca…

“Mañana volverá”, pienso, para mis adentros.

Los años han pasado.

Yo sigo acudiendo a la misma cafetería todos los días.
Y la música de Leo Dan es infaltable.
Mi cabello ha sido invadido por la nieve. Y mi piel se ha cubierto de arrugas.

Y yo sigo, en el mismo  lugar, esperándole, aunque tristemente sé, que ya jamás volverá.


RETAZOS. Elder Exvedi Morales Mérida.
Guatemala, 4 de noviembre de 2003.


viernes, 4 de agosto de 2017

Cuentos eróticos

-Aún eres joven-, le dice ella, mientras se desabotona la blusa.

El, callado, con la mirada clavada en las curvas de la mujer.
La mujer luce minifalda, blusa escotada, tan escotada que sus pezones son visibles.
Sus labios rojos.
Su maquillaje evidencia su buen gusto por esas cosas…
-Y muy tímido-, continúa ella, mientras se despoja del sostén o brasier color rojo.
El abre desmesuradamente los ojos y los reposa en sus pechos, en sus enormes pechos.
-No te quedés ahí. ¿O te conformás con verme?-, le cuestiona ella.
El guarda silencio.
Tiembla. Es un manojo de nervios.
Pero es claro que tiene muchas ganas.
El cuarto de hotel apesta a creolina.
Y a sexo.
Pero, ahora, a mujer desnuda, a mujer con ganas…
-No seás tímido mi amor-, le aconseja ella, mientras su minifalta cae al suelo.
El, de nuevo, abre desmesuradamente los ojos y dirige sus ojos a su ropa interior.
“Esa es una tanga”, piensa, mientras sigue con la tembladera.
Y con más ganas.
En ese momento, ella se acerca al joven tímido y primerizo. Le da una mordida suave a sus labios y le restriega los enormes pechos en la cara.
Lo abraza.
Le toma la mano derecha.
-Quítame la tanga-, le ordena, mientras la da una suave mordida en la oreja.
Y él, sigue callado, temblando, viendo los vellos que se asoman en la tanga color rojo.
Y se pregunta: ¿Cómo será? ¿Estará rasurado?
Hay misterio.
En imágenes ha visto cómo es una vagina, pero hay misterio, dudas.
-Desnúdame mi amor, y te llevaré a la gloria-, le ordena de nuevo, la mujer de cuarenta años de edad.
“Ya es señora, pero está muy buena”, piensa él.
Y, lenta y religiosamente, le arrebata la tanga y descubre lo más rico que tienen las mujeres, según me han dicho.


Se entregan con pasión y disfrutan de la gloria.


RETAZOS. Elder Exvedi Morales Mérida.
Guatemala, 14 de noviembre de 2003.

La gloria

-Aún eres joven-, le dice ella, mientras se desabotona la blusa.

El, callado, con la mirada clavada en las curvas de la mujer.
La mujer luce minifalda, blusa escotada, tan escotada que sus pezones son visibles.
Sus labios rojos.
Su maquillaje evidencia su buen gusto por esas cosas…
-Y muy tímido-, continúa ella, mientras se despoja del sostén o brasier color rojo.
El abre desmesuradamente los ojos y los reposa en sus pechos, en sus enormes pechos.
-No te quedés ahí. ¿O te conformás con verme?-, le cuestiona ella.
El guarda silencio.
Tiembla. Es un manojo de nervios.
Pero es claro que tiene muchas ganas.
El cuarto de hotel apesta a creolina.
Y a sexo.
Pero, ahora, a mujer desnuda, a mujer con ganas…
-No seás tímido mi amor-, le aconseja ella, mientras su minifalta cae al suelo.
El, de nuevo, abre desmesuradamente los ojos y dirige sus ojos a su ropa interior.
“Esa es una tanga”, piensa, mientras sigue con la tembladera.
Y con más ganas.
En ese momento, ella se acerca al joven tímido y primerizo. Le da una mordida suave a sus labios y le restriega los enormes pechos en la cara.
Lo abraza.
Le toma la mano derecha.
-Quítame la tanga-, le ordena, mientras la da una suave mordida en la oreja.
Y él, sigue callado, temblando, viendo los vellos que se asoman en la tanga color rojo.
Y se pregunta: ¿Cómo será? ¿Estará rasurado?
Hay misterio.
En imágenes ha visto cómo es una vagina, pero hay misterio, dudas.
-Desnúdame mi amor, y te llevaré a la gloria-, le ordena de nuevo, la mujer de cuarenta años de edad.
“Ya es señora, pero está muy buena”, piensa él.
Y, lenta y religiosamente, le arrebata la tanga y descubre lo más rico que tienen las mujeres, según me han dicho.


Se entregan con pasión y disfrutan de la gloria.


RETAZOS. Elder Exvedi Morales Mérida.

Guatemala, 14 de noviembre de 2003.