miércoles, 14 de septiembre de 2016

OFRENDA A JACOBO ÁRBENZ GUZMÁN Por Elder Exvedi Morales Mérida 14 de septiembre de 1997

OFRENDA A  JACOBO ÁRBENZ GUZMÁN
Por Elder Exvedi Morales Mérida 14 de septiembre de 1997


Recibe,
hermano mío,
Soldado del Pueblo,
este puñado de versos,
este humilde coro
de pájaros ilusos…

Recibe,
amigo mío,
Coronel de la Primavera,
este manojo de versos,
este sendero tejido con estrellas,
esta arboleda eterna
y canora…

Es cierto que siento
el peso de la angustia
de mi pueblo desamparado
que aún no despierta
de su letargo…
pero vengo,
hermano Jacobo  Árbenz Guzmán,
a depositar en el pensil de tu memoria
mi canto recién inaugurado.

Sí,
lo sé,
me recordarás que la patria
¡Oh coronel de la Primavera!
fue golpeada arteramente
por esas bestias disfrazadas
con uniforme
de primera comunión…
Pero la historia,
hermano mío,
ya te absolvió.

Las farsas,
las mentiras
y la historia prostituida
 se han desvanecido.

Aunque el maldito cáncer
se esparció
y vagabundeaba por todos los senderos
de nuestra patria,
aún hay sueños que soñar,
cantos que cantar,
caminos que edificar.

Sí,
me dirás,
hermano mío,
que tantos sueños mutilados
aún se mofan de nosotros,
pero recuerda
que perdimos la batalla
mas no la guerra.

¡Aún hay caminos que caminar!

Recibe pues,
hermano mío,
Soldado del Pueblo,
Coronel de la Primavera,
¡Bendito hijo de Guatemala!
y de la libertad,
mi canto
de marimba milenaria
e incendiaria.



A JACOBO ÀRBENZ GUZMAN Por Elder Exvedi Morales Mérida. 14 de septiembre de 1995

A  JACOBO ÀRBENZ GUZMAN
Por Elder Exvedi Morales Mérida. 14 de septiembre de 1995

Jacobo Árbenz,
escucho tu nombre
con el corazón
y canto
y lloro.

Pronuncio tu nombre
en cada esquina
de mi patria crucificada,
ensangrentada
y  por los viles pisoteada.

De pie,
ante el pueblo huérfano,
que continúa el camino al abismo,
con su cruz a cuestas,
lloro
y te evoco
y maldigo tanta podredumbre.



Jacobo Árbenz,
amante de la libertad,
mira al pueblo humillado
bajo el mismo yugo;
mira la  geografía de la patria
atestada de cruces.

Jacobo Árbenz,
sé que te duele
la mudez del pueblo;
sé que te mortifica su cobardía,
su analfabetismo,
su sordera
y su ceguera,
y por eso cantamos
por la misma herida.

Pero todo eso cambiará,
lo sé,
me lo dice la tierra,
me lo dice el corazón,
y entonces,
solo entonces,

¡Oh Soldado del Pueblo!
reiremos,
como nunca lo hemos hecho,
y volveremos,
compañero,
a inaugurar,

nuevos amaneceres.

viernes, 2 de septiembre de 2016

EL ESPANTO DEL CAMINO


EL ESPANTO DEL CAMINO
FUENTE: Relatos de Santa Ana Huista.
Elder Exvedi Morales Mérida. 1994


Todas las tardes retornaba a la aldea  Monajil, procedente de Santa Ana Huista, donde distribuía  el  milenario “guaro”, licor hecho a base de caña de azúcar.

-No camine muy tarde don Suspiro Azadón, estos días están jodidos.             Lo puede matar el ejército o la guerrilla. Ya  ve usté como está rejodida la situación -, le aconsejaba una anciana, que era una de sus mejores clientes.

Era el año de 1981, la época más sangrienta para Santa Ana Huista.

-¿Pa´ onde vá  don Suspiro Azadón?
-Para  Huista-.*
-Ah,  entonces que se vaya mi patojo con usté, así  se hacen compañía ambos dos.
-Está bien- , replicó el “cushero”.

El distribuidor del licor retornaba  por la tarde o a altas horas de la noche, alumbrándose  con un manojo de ocote y con la luz de la luna.
En esa época asesinaron a mucha gente, aún así, se mantenía con la misma faena.
-Si me muero, muero trabajando -, decía continuamente, cuando le aconsejaban ya no caminar a “altas horas”.

-Usté don Suspiro Azadón,  ¿por qué no le da miedo caminar solo y muy tarde? -, le preguntó  una vez Juan Huista.
-Porque tengo quien me cuide, es un cuate bien calidá -, respondió  orgulloso.
-¿Dios?
-No.
-¿Entonces quién?
-El policía que cuida el camino pa Monajil. El siempre está  allí parado y a veces me encamina hasta mi ranchito -, explicó, viendo Juan Huista que había  cambiado  de color, al oír la respuesta.
¿Un policía dice usté?
-Sí.
¿Usté no sabe quién es?
-No.
-A él lo mató la guerrilla antes que usté viniera a vivir a Monajil, y sale a espantar a la gente.

El pobre Suspiro Azadón,  al darse cuenta que siempre hablaba con un difunto, sintió que el cuerpo no le respondía y cayó desmayado.

*La gente acostumbraba a decir pueblo o Huista, no Santa Ana, posiblemente por ser sino el primer pueblo fundado por los españoles, uno de los primeros de la región.