viernes, 4 de agosto de 2017

Y conocieron la gloria

-Aún eres joven-, le dice ella, mientras se desabotona la blusa.

El, callado, con la mirada clavada en las curvas de la mujer.
La mujer luce minifalda, blusa escotada, tan escotada que sus pezones son visibles.
Sus labios rojos.
Su maquillaje evidencia su buen gusto por esas cosas…
-Y muy tímido-, continúa ella, mientras se despoja del sostén o brasier color rojo.
El abre desmesuradamente los ojos y los reposa en sus pechos, en sus enormes pechos.
-No te quedés ahí. ¿O te conformás con verme?-, le cuestiona ella.
El guarda silencio.
Tiembla. Es un manojo de nervios.
Pero es claro que tiene muchas ganas.
El cuarto de hotel apesta a creolina.
Y a sexo.
Pero, ahora, a mujer desnuda, a mujer con ganas…
-No seás tímido mi amor-, le aconseja ella, mientras su minifalta cae al suelo.
El, de nuevo, abre desmesuradamente los ojos y dirige sus ojos a su ropa interior.
“Esa es una tanga”, piensa, mientras sigue con la tembladera.
Y con más ganas.
En ese momento, ella se acerca al joven tímido y primerizo. Le da una mordida suave a sus labios y le restriega los enormes pechos en la cara.
Lo abraza.
Le toma la mano derecha.
-Quítame la tanga-, le ordena, mientras la da una suave mordida en la oreja.
Y él, sigue callado, temblando, viendo los vellos que se asoman en la tanga color rojo.
Y se pregunta: ¿Cómo será? ¿Estará rasurado?
Hay misterio.
En imágenes ha visto cómo es una vagina, pero hay misterio, dudas.
-Desnúdame mi amor, y te llevaré a la gloria-, le ordena de nuevo, la mujer de cuarenta años de edad.
“Ya es señora, pero está muy buena”, piensa él.
Y, lenta y religiosamente, le arrebata la tanga y descubre lo más rico que tienen las mujeres, según me han dicho.


Se entregan con pasión y disfrutan de la gloria.


RETAZOS. Elder Exvedi Morales Mérida.

Guatemala, 14 de noviembre de 2003.

Las 6:27 de la tarde.


Las 6:27  de la tarde.

La zona 1 de la ciudad de Guatemala  parece un hormiguero…
Y yo, sentado, en el mismo lugar, de la cafetería, donde nos vimos por última vez, fumando recuerdos.

Y sorbo a sorbo  bebo una taza de café.

Leo Dan, uno de mis cantantes favoritos, canta Te he prometido.
La mesera, originaria de Huehuetenango, me escudriña con la mirada.

-Exvedi, no sea tan bruto: ella ya no va a regresar-, me dice, por enésima vez.

Leo Dan, ahora canta Mary es mi amor.
La rockola está ronca. Ronca, muy ronca…

“Mañana volverá”, pienso, para mis adentros.

Los años han pasado.
Yo sigo acudiendo a la misma cafetería todos los días.
Y la música de Leo Dan es infaltable.
Mi cabello ha sido invadido por la nieve. Y mi piel se ha cubierto de arrugas.

Y yo sigo, en el mismo  lugar, esperándole, aunque tristemente sé, que ya jamás volverá.


RETAZOS. Elder Exvedi Morales Mérida.

Guatemala, 4 de noviembre de 2003.

martes, 25 de julio de 2017

El carrito de don Posh

Don Salomón Salazar canta el corrido “El carrito de don Posh” de su autoría.
La letra dice más o menos así:



El carrito de don Posh
que manejaba Alejandro,
no le echaba mucha carga,
porque se andaba quedando.

En la subida de Rancho Viejo
se andaba resbalando,
buscando la estación
que pasara don Fernando.

También don Julio Barrondo
se envidió y compró el de él,
se quedaba atrancado
en la casa de la Raquel.

Al pasar por el Agua Hedionda
le echaron agua bendita:
si este carro no me falla
me caso con Rafaelita.

El carrito  que compré
me costó casi ocho mil,
soy Timoteo Morales,
el que vive en Monajil.

Ya con esta me despido
en el plan de los Conejos,
lo que no hacen los muchachos,
lo hacen los cabrones viejos.



Don Posh, que bebe comiteco con sus hijos Vicente Paúl,  Abraham y Alejandro,  y con don Vidal Lemus, se alegra tanto del regalo musical,  que pide guaro para todos, y a don Salomón Salazar, por supuesto que lo invita a su mesa.  Aparte de don Posh o Próspero, Vidal, Vicente Paúl,  Abraham, Alejandro y de Salomón, están sentados a la mesa los santanecos  Pancho Lemus, uno de los más conocidos curanderos, y don Crisanto Méndez, uno de los más importantes marimbistas.

-Muy buena la canción mi estimado Salomón-, reconoce don Posh.

FUENTE:
Cuartos Viernes de Cuaresma en Santa Ana Huista, Huehuetenango.

Elder Exvedi Morales Mérida. 1994